El cine como espacio para mirar al otro, comprender sus circunstancias y abrir una conversación sobre la realidad. Esa es una de las ideas que atraviesan Ceniza en la boca, la película dirigida por Diego Luna que este jueves recibió en el Festival de San Sebastián el Premio Agenda 2030 Euskadi Basque Country.
La producción mexicano-española, presentada en la sección Horizontes Latinos de la 74.ª edición del certamen, fue distinguida por el jurado por la manera en que aborda la migración desde diferentes dimensiones sociales, políticas, económicas y de género. El reconocimiento está dotado con 20.000 euros para la productora o productor mayoritario de la película.
La ceremonia se celebró en el Prisma de Tabakalera. El jurado estuvo presidido por la actriz María Vázquez e integrado por la artista y actriz Jone Laspiur y Asier Aranbarri, director de Innovación Social y Agenda 2030 del Gobierno Vasco. El premio fue recogido en nombre de Diego Luna por Chema Prado, amigo del cineasta, mientras Luna participó mediante un mensaje en video.
En su intervención, Luna agradeció un reconocimiento que, según expresó, tiene un significado especial para el equipo de la película. El director aprovechó el momento para reivindicar el lugar del cine frente a un mundo que atraviesa tiempos complejos.
“Creemos en el cine como una herramienta de cambio indispensable para navegar estos momentos”, afirmó Luna en su mensaje. Para el cineasta, una película puede generar algo que trasciende la pantalla: una reflexión compartida que permita mirar una realidad desde perspectivas diferentes.
Y esa búsqueda está en el centro de Ceniza en la boca.
La película sigue a Lucila, interpretada por Anna Díaz, una joven que viaja desde México a Madrid junto a su hermano Diego para reencontrarse con su madre, quien lleva ocho años trabajando de manera ilegal en España para sostener a su familia. El encuentro con esa nueva realidad está lejos de cumplir las expectativas de los hermanos y obliga a Lucila a enfrentarse a una ciudad y a unas circunstancias que no había imaginado.
La historia desplaza así la mirada habitual sobre la migración. No se trata solamente de quien abandona su país, sino también de quienes reciben a los recién llegados y de las relaciones que se construyen —o se rompen— en ese proceso.
Durante la presentación de la película en San Sebastián, Luna explicó que quiso acercarse a una realidad migratoria que conocía menos: la de quienes llegan desde Latinoamérica a España. Para construir ese universo, el equipo realizó un trabajo de investigación en Barcelona y entró en contacto con comunidades de mujeres latinoamericanas, buscando conocer de cerca sus experiencias y las redes de apoyo que construyen lejos de sus países de origen.
Anna Díaz, protagonista del filme, plantea a través de Lucila otra dimensión de esa experiencia: qué sucede cuando una persona que migra siente que debe convertirse en una determinada versión de sí misma para ser aceptada. La película intenta recuperar precisamente aquello que puede quedar oculto detrás de las estadísticas y los discursos sobre migración: personas que también quieren enamorarse, formar una familia, divertirse y construir una vida propia.
Para Luna, el fenómeno migratorio no puede observarse únicamente desde quien se marcha. También obliga a preguntarse por la sociedad que recibe.
“También trata sobre los que se van, los que se mueven, pero también trata sobre los que reciben”, señaló el director al agradecer el premio.
Es precisamente esa mirada transversal la que el jurado destacó al otorgarle el Premio Agenda 2030 Euskadi Basque Country. El acta señala que la película aborda la migración conectándola con problemáticas sociales, políticas, económicas y de género, y resalta tanto la dirección como las interpretaciones por su sensibilidad frente a la realidad que retrata.
El reconocimiento llega además cuando Ceniza en la boca apenas comienza su recorrido ante el público. Luna definió el galardón como un “faro” para una película que todavía busca encontrar a sus espectadores, una idea que conecta con el propósito de este premio: utilizar el cine como un espacio de reflexión sobre cuestiones relacionadas con la dignidad, la igualdad, la convivencia, la solidaridad y la sostenibilidad.
En su quinta edición, el Premio Agenda 2030 Euskadi Basque Country reunió siete películas de distintas procedencias y secciones del Festival de San Sebastián. Ceniza en la boca se impuso a títulos como Ruega por nosotras, FLORID, Cinco años, cuatro meses, La bola negra, Fatherland y Fjord.
Para Diego Luna, el premio parece prolongar la intención con la que nació la película: no ofrecer respuestas cerradas, sino provocar una mirada. En Ceniza en la boca, migrar no aparece únicamente como el acto de abandonar un lugar para llegar a otro, sino como una transformación que afecta tanto a quien se marcha como a quien abre —o cierra— la puerta.
Desde San Sebastián, el cineasta mexicano recibe así un reconocimiento que pone en primer plano una historia sobre el desarraigo, la identidad y la búsqueda de un lugar propio. Una historia que, como quiso subrayar Luna, encuentra en el cine una posibilidad de detenerse, mirar al otro y preguntarse qué lugar ocupamos nosotros mismos dentro de esa historia.

