the debutPor Daniela Creamer.
Hay películas que comienzan mucho antes de que exista un guion. A veces nacen en un escenario pequeño, delante de unas pocas personas, cuando alguien que todavía no sabe muy bien cuál es su lugar en el mundo descubre que, al menos allí, pertenece a algún sitio.

Para Jesse Eisenberg, ese refugio fue un teatro comunitario de Nueva Jersey. Décadas después, aquel recuerdo se ha convertido en The Debut, su tercer largometraje como director, presentado este miércoles ante los medios en el Festival de San Sebastián y candidato a la Concha de Oro en la Sección Oficial.

Protagonizada por Julianne Moore y Paul Giamatti, la película sigue a Mona Friedman, una tímida ama de casa que consigue un pequeño papel en una producción teatral. Lo que parecía una modesta afición termina transformándola por completo. Mona se entrega tanto al personaje que acaba enfrentándose al autoritario director del montaje para defender su integridad artística. Porque el teatro comunitario también puede tener sus propias guerras shakesperianas.

Aunque Eisenberg trasladó su experiencia a una mujer adulta, reconoció que el origen emocional de la historia es autobiográfico. La película está ambientada en 1990, en el centro de Nueva Jersey, justo donde él creció sintiéndose aislado y con serias dificultades para relacionarse.

“Lo llamo autobiográfico porque la película transcurre en 1990, en el centro de Nueva Jersey, y cuando yo estaba allí era como Mona Friedman”, explicó.

A los siete años, el actor encontró en el teatro lo que no encontraba en la escuela: aceptación. Era tímido, no tenía amigos y se sentía constantemente fuera de lugar. Todo cambió al entrar en aquel pequeño espacio lleno de personas que recibieron con entusiasmo eso que fuera del escenario parecía convertirlo en alguien extraño.

“Fue como entrar en un planeta alienígena donde todo el mundo era amable”, recordó con su habitual mezcla de humor y autocrítica.

Eisenberg, sin embargo, no quiso reconstruir literalmente su infancia. Prefirió convertirla en la historia de Mona y escribir el personaje pensando desde el principio en Julianne Moore, con quien ya había trabajado en When You Finish Saving the World, su debut como director.

Una escena de aquella película, en la que Moore utilizaba una voz muy particular, permaneció durante años en su cabeza y acabó influyendo en la creación de The Debut. El pequeño inconveniente —nada importante, apenas el futuro de todo el proyecto— era que, si la actriz rechazaba el papel, Eisenberg podía quedarse sin protagonista. Por fortuna, Moore aceptó.

También escribió pensando en Paul Giamatti, encargado de interpretar al intimidante director teatral. Eisenberg confesó que ambos se encuentran entre sus actores favoritos y destacó su capacidad para afrontar unas primeras jornadas de rodaje especialmente exigentes, con grandes secuencias musicales incluidas.

La química entre Moore y Giamatti aportó además un elemento inesperado. Aunque el guion no planteaba abiertamente una relación romántica, Giamatti dotó a su personaje de una calidez que suavizó su carácter misterioso y autoritario, creando entre ambos una tensión que Eisenberg no había previsto.

La película observa el teatro desde dentro, con su mezcla de entusiasmo, ego, vulnerabilidad y obsesión. Un espacio capaz de transformar a quien sube al escenario, pero también de difuminar peligrosamente la frontera entre la persona y el personaje. Eisenberg convierte ese universo en una comedia hilarante, llena de situaciones incómodas, egos desatados y personajes que se toman con una solemnidad descomunal algo tan aparentemente modesto como una producción teatral comunitaria. El resultado provoca carcajadas sin perder de vista la fragilidad emocional de sus protagonistas.

Esa reflexión procede de otra experiencia personal del director. Durante su formación como actor, un profesor se enfrentó a él porque utilizaba el humor y las interpretaciones deliberadamente malas para hacer reír a sus compañeros. El episodio fue especialmente duro y terminó inspirando una de las escenas más tensas de la película, cuando Mona queda sometida a la presión del personaje de Giamatti.

Así, The Debut trasciende la comedia dramática sobre una mujer que descubre el teatro. Es también una historia sobre la necesidad de sentirse visto, aceptado y reconocido, y sobre lo que sucede cuando encontrar un lugar al que pertenecer deja de ser un refugio y empieza a convertirse en una obsesión.

Eisenberg también explicó que trabajar con Moore cambió su percepción del oficio de actor. Durante años lo consideró un trabajo excesivamente privilegiado, hasta que observó el intenso proceso emocional con el que ella preparaba una escena. Comprendió entonces que detrás de una interpretación aparentemente sencilla puede esconderse un esfuerzo mucho mayor del que llega a percibir el espectador.

Ese trabajo alcanza en The Debut una de las interpretaciones más completas y sorprendentes de la carrera reciente de Moore. La actriz combina con precisión la timidez, la comicidad, el desconcierto y la creciente obsesión de Mona, evitando que el personaje quede reducido a una caricatura incluso en los momentos más desbordantes. Si la película mantiene su impulso durante la temporada de premios, Moore podría convertirse, sin duda, en una gran candidata al Oscar como mejor actriz protagonista.

En The Debut, Jesse Eisenberg transforma sus recuerdos en la historia de una mujer que encuentra sobre las tablas una nueva versión de sí misma. Esa es quizá la conexión más íntima entre el director y Mona: ambos descubrieron en el teatro un lugar donde dejar de sentirse fuera de lugar.

La diferencia es que, en la película, la puerta que permite escapar de la timidez también puede abrir otra bastante más peligrosa: aquella en la que interpretar un personaje ya no resulta suficiente y comienza a convertirse en una forma de perderse.

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