ricardo darin ssiff74San Sebastián se ha convertido durante estos días en un enorme espejo para Ricardo Darín. Su rostro aparece en las calles, en los carteles y en distintos rincones de la ciudad como imagen oficial de la 74.ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Una exposición que el actor argentino aceptó inicialmente como un reconocimiento al cine de su país, pero cuya dimensión terminó por sorprenderlo.

“Estoy un poco harto de mí”, bromeó Darín durante una conversación con EFE en San Sebastián, al comprobar hasta qué punto su propia imagen se había convertido en parte del paisaje donostiarra. La frase, lejos de expresar rechazo hacia el homenaje, resume con humor la particular situación que le ha tocado vivir durante esta edición del festival. “Cuando el festival me propuso ser la imagen del Festival de San Sebastián lo vi como un homenaje al cine argentino y me pareció bien, pero nunca imaginé la magnitud de andar por todos lados y ver la foto”, explicó.

Darín, sin embargo, también encuentra el lado divertido de esa omnipresencia. El cartel ha provocado bromas y reacciones entre quienes se cruzan con su rostro una y otra vez, algo que el actor reconoce disfrutar. En una ciudad acostumbrada durante el festival a convivir con grandes figuras del cine, esta vez San Sebastián parece haberse encontrado con Darín en todas partes antes incluso de recibirlo personalmente.

El actor llegó al certamen para presentar Lo dejamos acá, la nueva película de Hernán Goldfrid que protagoniza junto a Diego Peretti. La película, que llegará a Netflix el próximo 16 de octubre, se mueve entre la comedia negra y la reflexión sobre la salud mental. Darín interpreta a un psicoanalista desencantado con sus propios métodos, dispuesto a cruzar límites en su intento por intervenir en la vida de sus pacientes.

La historia permitió que la conversación se trasladara hacia una experiencia que el propio Darín conoce de cerca. El actor contó que en algún momento de su vida hizo psicoanálisis y que no siempre tuvo una experiencia satisfactoria con los profesionales que encontró. Frente a ello, reivindicó especialmente las terapias de grupo, por la posibilidad de compartir experiencias y reconocerse en los problemas de otros.

Pero si Lo dejamos acá habla de personas que necesitan volver a mirarse hacia dentro, Darín encuentra fuera de la consulta psicológica otro fenómeno que le genera inquietud: la relación cada vez más estrecha entre los seres humanos y la tecnología.

“Estamos entregando el alma a los algoritmos”, afirmó el actor. Su preocupación no se limita al tiempo que pasamos frente a una pantalla, sino a la cantidad de información que entregamos sobre nuestros gustos, intereses y formas de pensar. Para Darín, existe una relación de poder que muchas veces pasa inadvertida: mientras creemos elegir libremente aquello que vemos, escuchamos o consumimos, también estamos proporcionando datos que pueden ser utilizados para anticipar y condicionar nuestros comportamientos.

La inquietud se extiende a la información que recibimos. Darín plantea la dificultad creciente de distinguir entre lo verdadero y aquello que ha sido manipulado, especialmente en un entorno donde los contenidos pueden llegar personalizados hasta el punto de reforzar nuestras propias creencias.

En esa misma línea aparece otra de sus preocupaciones: la polarización. El actor cuestiona una sociedad en la que la diferencia de opinión puede transformar rápidamente al otro en un adversario. Frente a esa dinámica, reivindica la posibilidad de expresar ideas de manera respetuosa y pacífica, incluso cuando las posiciones sean diferentes.

Hay algo particularmente interesante en que estas reflexiones surjan precisamente alrededor de una película que habla de terapia, de ego y de la necesidad de recuperar vínculos humanos. Darín observa que el problema no está únicamente en cuánto dependemos de la tecnología, sino en lo que podemos perder mientras esa dependencia crece: la capacidad de escucharnos, de cuestionarnos y de encontrarnos con otros fuera de los espacios que los algoritmos diseñan para nosotros.

Su preocupación alcanza también al lugar que ocupa el cine en ese escenario. Darín habló en San Sebastián sobre la situación del cine argentino y sobre las dificultades que atraviesa la producción cinematográfica de su país tras los cambios aplicados a las políticas de apoyo estatal. Defendió la necesidad de mantener mecanismos de ayuda para una industria que, según explicó, genera actividad económica y cuyo funcionamiento repercute también en otros sectores.

El actor reconoce que, en este contexto, las plataformas se han convertido en una fuente importante de producción para el audiovisual argentino. Pero advierte que esa vía no debería convertirse en el único horizonte posible.

Para Darín, hay una diferencia que ninguna plataforma puede sustituir completamente: la experiencia de compartir una película con otros espectadores en una sala. El cine, sostiene, no es solamente el contenido que aparece en una pantalla; también es el ritual colectivo que se produce cuando las luces se apagan y una historia comienza a desarrollarse frente a una comunidad de desconocidos.

“Pero esto no puede ser el final. No podemos permitir que el modelo anterior se extinga porque el cine tiene que volver a los cines. El cine se ve en cine”, afirmó.

Así, entre la ironía de encontrarse con su propio rostro en cada esquina y la preocupación por un futuro cada vez más dominado por algoritmos, Ricardo Darín deja San Sebastián hablando de algo que atraviesa buena parte de su trayectoria: la necesidad de conservar aquello que nos hace humanos.

Quizá por eso el contraste resulta tan significativo. Mientras el festival ha convertido su rostro en una imagen reproducida cientos de veces, el actor que camina por las calles de Donostia vuelve a hablar precisamente de lo contrario: de aquello que no puede repetirse ni programarse completamente. Una conversación humana, una película compartida, una sala llena y la posibilidad de seguir mirando al otro sin convertirlo inmediatamente en un rival.

 

Informacion: EFE

Comparte
hablandodecine.com