ce matin cotillard ssiffPor Daniela Creamer.
Marion Cotillard llegó al Festival de San Sebastián para presentar 7h40 ce matin-là, conocida internacionalmente como Milo, la nueva película de Nicole Garcia en la Sección Oficial. La actriz interpreta a Alice, una antigua activista que recupera la libertad tras pasar veinte años en prisión y busca acercarse al hijo que dejó atrás. Él no sabe quién es ella.

Alice empieza a trabajar como camarera cerca del taller mecánico donde trabaja Milo. Ese acercamiento discreto está cargado de preguntas: cuánto puede contarle, cómo recibirá él la verdad y si es posible construir una relación después de una ausencia tan larga. La película sitúa así el conflicto en un terreno incómodo: Alice desea conocer a su hijo, pero ese deseo no le da derecho a entrar de golpe en una vida que ha seguido adelante sin ella.

Para Cotillard, el conflicto del personaje nace de una decisión que enfrentó sus convicciones políticas con la maternidad. “Cuando uno se convierte en madre las prioridades cambian, se toman otro tipo de decisiones, porque te debes encargar de un nuevo ser que necesita amor y protección”, explicó durante la rueda de prensa. Alice sentía también “ese deseo revolucionario que es importante para ella”. Quiso que su hijo tuviera una vida normal, pero acabó entregándolo en adopción. “Es una elección muy difícil ser ambas cosas”, señaló la actriz.

Esa tensión impide reducir a Alice a una madre arrepentida o a una militante que renunció a todo por sus ideas. Sus decisiones tuvieron consecuencias para ella y para Milo, que creció sin conocer esa parte de su historia. La pregunta que plantea su regreso va más allá de si él podrá perdonarla: también importa si Alice será capaz de escuchar lo que su hijo siente, incluso cuando no coincida con el reencuentro que ha imaginado durante años.

La prisión y el paso del tiempo no resuelven esa contradicción. Al salir, lo que permanece en Alice es “su deseo de ser madre”, aunque ya no puede ocupar ese lugar como si nada hubiera sucedido. La culpa y la distancia convierten el reencuentro en algo mucho más complejo que una búsqueda de perdón. Para ella, veinte años pueden haber sido una espera; para Milo, han sido toda una vida. Esa diferencia da peso al silencio entre ambos y a la decisión de Alice de acercarse sin revelar de inmediato quién es.

Cotillard contó que aceptó el proyecto, en buena medida, por la oportunidad de volver a trabajar con Nicole Garcia. “Sus formas de hacer las cosas me impulsaban a hacer de todo”, afirmó. También le atrajo la posibilidad de explorar una relación materna atravesada por decisiones difíciles: “Este papel de madre es muy crucial y me ha gustado mucho explorar este tipo de relación y por el carácter del personaje”.

La actriz habló además del futuro del cine. Sobre las plataformas, evitó reducir el debate a una sola forma de producir o distribuir películas: “Creo que el cine tiene muchas maneras de existir”. Su mayor inquietud está en otro lugar. “Lo que sí realmente me preocupa es la IA”, confesó al imaginar la posibilidad de un actor creado por completo mediante inteligencia artificial. “No sé si un día un actor de IA me borre de la pantalla, me asusta, me emociona, pero al mismo tiempo me da miedo pensarlo”.

Sus palabras encuentran un eco en Milo. Alice carga con decisiones contradictorias, con el tiempo perdido y con una esperanza que quizá su hijo no comparta. Interpretarla exige sostener esas emociones sin ofrecer una respuesta fácil. La película deja abierta la cuestión decisiva: Alice puede contarle a Milo la verdad, pero será él quien decida qué lugar, si alguno, quiere darle en su vida.

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