tangled lovingPor Daniela Creamer.¿Quién cuida a quienes se pasan la vida cuidando de los demás? Mike Leigh lleva esta pregunta al Festival de San Sebastián con Tender Loving Care, película que compite por la Concha de Oro. Una historia sobre la solidaridad, el desgaste emocional y la necesidad de sentirse acompañado cuando las fuerzas empiezan a fallar. El veterano cineasta británico, que participó en la presentación por internet, asumió que, debido a su edad y a sus problemas de salud, “es más que probable que esta tenga que ser mi última película”.

La película sigue a Amy (Kate O’Flynn), una trabajadora de protección infantil que, después de una ruptura sentimental, regresa a casa de su mejor amiga, Rosie (Alice Bailey Johnson), también dedicada al trabajo social. Las dos intentan sostener a personas que atraviesan situaciones difíciles mientras lidian con sus propios problemas, frustraciones y heridas. Su labor les exige escuchar, comprender y tomar decisiones que afectan a otras vidas, aunque ellas mismas no siempre encuentren un espacio en el que sentirse escuchadas.

A su alrededor, los padres de Amy, interpretados por Marion Bailey y Paul Jesson, afrontan las dificultades de hacerse mayores. El paso del tiempo, la pérdida progresiva de autonomía y el miedo a convertirse en una carga forman parte de una historia que observa la vejez sin sentimentalismos, pero también sin crueldad. Leigh vuelve así a un territorio habitual en su cine: el de las personas corrientes enfrentadas a problemas que, aunque puedan parecer pequeños desde fuera, terminan ocupándolo todo.

El director participó de forma virtual en la rueda de prensa y defendió la necesidad de seguir hablando de humanidad en una época marcada por la incertidumbre. “No hemos dejado de ser humanos”, recordó. Para el cineasta, la compasión no es únicamente un gesto de bondad, sino una forma de mirar y comprender a los demás. Por eso tiene pleno sentido en una película que no esquiva las contradicciones ni las zonas más incómodas de sus personajes.

“Es una visión dura de la realidad que tiene que ver con la compasión y es tan importante en estos tiempos como en cualquier otro momento”, explicó Leigh. Su película parte de esa tensión: muestra una realidad complicada, pero se resiste a contemplarla desde la indiferencia. Los personajes se equivocan, pierden la paciencia y llegan al límite, aunque siguen buscando la manera de estar presentes para quienes dependen de ellos.

Esa mirada atraviesa una historia que también pone de manifiesto las carencias del sistema británico de cuidados. Más allá de las buenas intenciones individuales, Tender Loving Care plantea qué ocurre cuando la responsabilidad de atender a las personas más vulnerables recae sobre profesionales y familias que apenas cuentan con recursos suficientes. El cuidado aparece como un trabajo imprescindible, aunque con frecuencia invisible, mal reconocido y emocionalmente agotador.

Jesson insistió en que esa responsabilidad no corresponde solamente a quienes trabajan dentro del sistema. “Es importante no cerrar los ojos y decir que todo está bien solo porque no nos está pasando a nosotros”, señaló. Sus palabras amplían el alcance de la película: la fragilidad, la enfermedad y la dependencia pueden parecer problemas ajenos hasta que entran en nuestra propia casa. Mirar hacia otro lado no hace que desaparezcan; únicamente deja más solos a quienes los sufren.

¿Queda espacio para la esperanza? Leigh evita las respuestas fáciles y tampoco pretende ofrecer un consuelo artificial. “Todos queremos ver la luz al final del túnel. No es una cuestión de blanco o negro, pero sí hay que preocuparse por el futuro”, afirmó. En su visión, mantener la esperanza no significa negar la gravedad del presente, sino conservar la voluntad de cambiar aquello que todavía puede cambiarse.

“Tengo un nieto de dos años que, si todo va bien, llegará al siglo XXII. Yo quiero que crezca en un buen mundo y que tenga una buena vida”, agregó. La preocupación por el futuro adquiere así una dimensión íntima. Leigh no habla únicamente como cineasta, sino también como abuelo y como alguien consciente de que las decisiones del presente determinarán el mundo que recibirán las próximas generaciones.

Con el humor, la sensibilidad y la intimidad que caracterizan su cine, el director vuelve a fijarse en personas corrientes que hacen lo que pueden para salir adelante. No hay grandes héroes ni soluciones milagrosas, sino pequeños gestos, conversaciones difíciles y vínculos que resisten incluso cuando todo parece tambalearse. En ese espacio cotidiano, Leigh encuentra tanto el dolor como la posibilidad de seguir adelante.

Tender Loving Care pone el foco en una realidad tan sencilla como fácil de olvidar: quienes cuidan también se cansan, sienten miedo, tienen problemas y necesitan que alguien permanezca a su lado. Cuidar no consiste solamente en resolver necesidades prácticas; también implica prestar atención, compartir el peso y reconocer la vulnerabilidad del otro. La película recuerda que ninguna sociedad puede considerarse verdaderamente humana si abandona a quienes necesitan ayuda, pero tampoco si deja solos a quienes se encargan de proporcionársela.

 

 

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