sobrevivirPor Daniela Creamer.
A medida que avanza el Festival de San Sebastián, empieza a dibujarse una pregunta común bajo películas aparentemente muy distintas: ¿qué hacemos con aquello que heredamos, recordamos o conseguimos sobrevivir? Desde la vigencia política y moral de La misión hasta la dignidad perseguida de Los miserables, pasando por las heridas históricas de The Housewife o la obstinada libertad creativa defendida por Werner Herzog, buena parte del cine visto hasta ahora se ha instalado en ese territorio incómodo donde el pasado se niega a permanecer quieto.

La jornada de hoy parece profundizar precisamente en esa idea, aunque cambiando de escalas, geografías y géneros.

Mike Leigh regresa con Tender Loving Care, una nueva observación del mundo contemporáneo protagonizada por Marion Bailey, Paul Jesson, Kate O’Flynn y Alice Bailey Johnson. El propio título contiene casi una declaración de principios: frente al ruido, la violencia y las grandes construcciones históricas, Leigh vuelve a colocar el cuidado en el centro. En su cine, la intimidad nunca es un asunto menor; es el lugar donde las desigualdades, las frustraciones y las heridas sociales adquieren rostro humano.

En el extremo aparentemente opuesto aparece Heart of the Beast, espectáculo de supervivencia dirigido por David Ayer y protagonizado por Brad Pitt. La película sigue a un militar de las fuerzas especiales que, después de un accidente aéreo, debe sobrevivir acompañado por su perro. Presentada fuera de concurso, representa el músculo industrial de la jornada, pero también otra forma de hablar sobre la dependencia, la lealtad y la vulnerabilidad masculina. Bajo la maquinaria de la aventura puede esconderse, por tanto, la misma pregunta que recorre el cine más íntimo del festival: quién nos mantiene vivos cuando nuestras fuerzas ya no bastan.

La japonesa Muyou no hito / In My Father’s Room, de Maha Harada, traslada esa búsqueda al interior de una habitación cerrada. Después de la muerte solitaria de su padre, Satomi recibe una llave y descubre un espacio cuya existencia ignoraba. Siguiendo sus objetos y sus últimos días, empieza a conocer a un hombre marginado que había encontrado refugio en las palabras, la ceremonia del té y la contemplación de la belleza. Aquí, la memoria no funciona como nostalgia, sino como una segunda oportunidad: conocer al padre cuando ya no es posible hablar con él.

También Markens grøde / Growth of the Soil, de Hans Petter Moland, plantea una reconstrucción desde cero. Un hombre sin pasado llega a una tierra inhóspita con la voluntad de convertirla en hogar; allí conoce a una mujer igualmente solitaria y juntos levantan una familia mientras el tiempo, el deseo y las dificultades transforman aquello que habían construido. La tierra deja de ser un simple escenario para convertirse en una medida moral: trabajarla, poseerla y sobrevivir en ella implica también enfrentarse a las contradicciones de la idea de progreso.

La herida se vuelve colectiva en Más allá de la sociedad, creada por J. A. Bayona y Carlos Torres y dirigida por este último. La serie documental retoma el accidente de los Andes no para reconstruir una vez más el rescate, sino para preguntarse qué sucedió después: cómo convivieron los supervivientes con las familias de quienes no regresaron y con el peso de una tragedia convertida por el mundo en relato universal. Su verdadero asunto no es sobrevivir a la montaña, sino aprender a vivir después de ella.

Así, el día puede leerse como un recorrido que va de la habitación de un padre a una comunidad marcada durante medio siglo; de una pareja que intenta conquistar la tierra a un hombre perdido que depende de un animal; del cuidado doméstico de Mike Leigh a la espectacularidad física de David Ayer. Distintas dimensiones para una misma certeza: la supervivencia es solo el comienzo de la historia.

Si algo está dejando este San Sebastián es precisamente eso. El cine no modifica el pasado, pero sí puede disputar el relato que construimos alrededor de él. Puede convertir la memoria en advertencia, como proponía La misión; en resistencia moral, como Los miserables; en denuncia frente al odio, como The Housewife; o en una forma de reconciliación, como prometen varias de las películas de hoy. En una edición tan pendiente de las heridas heredadas, la gran cuestión ya no parece ser cómo escapar de la tragedia, sino cómo volver a habitar el mundo después de ella.

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