Por Daniela Creamer.
El guitarrista almeriense Niño Josele y el director Fernando Trueba han trabajado juntos en "Bajañí", una película documental y musical que gira en torno al arte y la guitarra del músico, que se proyecta fuera de concurso en San Sebastián. El título proviene del caló y significa guitarra española. La cinta está producida por Womack Studios, Lolita Films y Fernando Trueba Producciones, con distribución de BTeam, y propone un viaje musical conducido por la guitarra de Niño Josele que recorre España, Estados Unidos y Brasil.
La amistad entre Trueba y Niño Josele se remonta a más de veinte años. "Bueno, 20 años, digamos, o veintitantos, es el tiempo que nos conocemos", explica el director. La idea de la película surgió mucho más tarde, aunque también hace ya bastantes años. Antes hubo una serie de discos juntos y colaboraciones diversas. Niño Josele iba haciendo a la vez sus propios proyectos. "En un momento empezamos a hablar del sueño que sería hacer esto. Y empezamos a pensar, ¿sería posible? ¿Cómo podríamos? ¿Qué músicos nos gustarían?", recuerda Trueba. El proyecto era difícil de financiar y de producir. Después llegó la pandemia y todo se retrasó. Finalmente, Trueba entró en contacto con una productora de Andalucía, que se enamoró del proyecto y decidió apoyarlo. "Lo hemos podido hacer como queríamos, con los músicos que hemos elegido, en los lugares, en los países que hemos elegido. Y entonces estamos en ese sentido muy felices, porque lo hemos hecho en total libertad y disfrutándolo", afirma el director.
Trueba quería evitar el formato convencional de entrevistas y explicaciones. "Yo no soy muy buen actor", bromea. "Yo no toco la guitarra, queríamos algo distinto. Sí, la magia es la música". El director insiste en que no hay una estructura narrativa tradicional: "Las historias las cuenta la música".
El rodaje comenzó en el barrio donde Niño Josele se crió, en La Chanca, en un barrio llamado Pescadería, en Almería. "Ahí comienza, arranca la película, ahí empieza el viaje", señala. Aunque también se rodó en Nueva York. El proceso de rodaje por distintas ciudades y los encuentros con figuras musicales fueron, en palabras de Trueba, mágicos. "Cada día nos pellizcábamos. Hoy estamos con Kenny Barron, hoy estamos con Rubén Blades y Ron Carter, hoy estamos con Caetano Veloso. Es que era una maravilla". En algunos momentos, la emoción los desbordaba. "Ha habido días que de repente acabábamos un tema y había habido tal concentración de energía, de emoción..., que de repente estábamos llorando con lágrimas en los ojos de la emoción de estar haciendo esto, ¿sabes? De sentir que lo hemos conseguido, lo estábamos haciendo y qué bonito...".
Trueba habla de Niño Josele como un ser puro, alejado de las mezquindades del mundo artístico. "Yo es que le veo ese punto a José, de que es una persona, está mal que lo diga delante, ¿eh? Pero tiene algo, una calidad humana, pero que eso se acaba reflejando en el arte siempre, en lo que tú seas dentro, en tu corazón, en todo esto, eso acaba saliendo". Trueba añade que la profesionalidad, el oficio, la técnica y el virtuismo se dan por hechos. "Pero si no eres, como dicen las bienaventuranzas, limpio de corazón, no llegarás al grado superior de la belleza".
Niño Josele reconoce que sigue aprendiendo constantemente y que se considera fuerte, aunque también arrastra miedos. "Todo le asusta, le tenemos a veces que empujar", dice Trueba. El miedo escénico, irónicamente. "Bueno, él tiene el miedo de no hacerlo bien". El director conoce ese miedo: "Cuando empiezas una película estás aterrado porque cada día pueden pasar 200 sacrilegios, que te acaben haciendo que aquello no salga bien. Tienes que estar con tu ser entero puesto ahí para llevarlo por el buen camino".
Niño Josele recuerda su infancia y la figura de su padre, que era guitarrista y músico. "Mi padre me desanimó de estudiar otra cosa que no fuera la guitarra. Muy pronto dejé de ir al colegio. Y me encerró en un cuarto hasta los 16 años. No salía. El no me dejaba jugar. Estaba estudiando muchísimo, muchísimo, muchas horas. Casi todo el día con la guitarra, si no todo el día". A los 16 años dio uno de sus primeros conciertos y empezó a salir a tocar. "Y él me decía siempre que no sabía tocar, que estaba muy mal. Nunca escuché elogios. Era muy duro en eso. Siempre me decía, se puede mejorar más, se puede mejorar más. Y hasta el día de hoy creo que estoy arrastrando eso en la cabeza. O sea que es complicado". Trueba interviene: "Era muy majo tu padre". Niño Josele describe a su padre como un auténtico ser especial, un indio, decía él. Una figura fundamental. "Cherokee", apunta Trueba.
Después empezó a viajar, y en Madrid conoció a Fernando. "Fernando me abrió mucho la cabeza en escuchar. Aparte de la película de 'Calle 54'. Que para mí fue una de las mejores películas que he visto. Me abrió la cabeza para ver la música de otra manera. El sabe mucho de música, muchísimo. Me dio mucho disco para escuchar. Me quedé flipado", dice Niño Josele.
Trueba explica cómo plasmó esa inquietud y esa fusión en un relato cinematográfico. "Primero dando forma a ver qué estructura íbamos a hacer. A qué lugares íbamos a ir. Qué músicos deseábamos encontrar y tal. Pero no ha habido ningún músico que nos haya dicho que no. Todos los que están en la película. Han sido gente con la que queríamos trabajar". Niño Josele recuerda una conversación sobre Caetano Veloso. "Fernando me dice una vez. ¿Va a estar cantando? ¿Cómo va a estar cantando? Que no, que no. Y dije que sí, que sí. Vamos a intentarlo. Y al final sí estuvo. Es una persona muy retirada, muy tranquila y tal. Pero al final nunca te falla".
Sobre la reunión de figuras como Caetano Veloso, Rubén Blades, Ron Carter o Marisa Monte, Trueba asegura que no hubo ningún conflicto. "Son artistas generosos y artistas muy humanos. Y todos además adoraban a José Luis y su guitarra. Todos estaban como encantados de estar. Sí, hacían cosas muy distintas a como cantaban ellos. Caetano hace cosas que yo nunca le había escuchado hacer. Es algo increíble. Rubén Blades igual. Cada uno intenta buscar una parte que es distinta. Como que se va complementando. Y es como un diálogo que hay entre nosotros".
Trueba menciona un tema con el que terminaron, una fiesta, el swing, en Nueva York. "Es un tema, me acuerdo que al final de la grabación volvimos a hacer una fiesta. No querían irse los músicos. Seguían tocando y tocando y tocando. Era una especie de subidón de alegría. De estar juntos y tocando ese tema".
Sobre las decisiones de cámara, luz y montaje para modificar la manera de escuchar una guitarra, Trueba explica: "Yo creo que lo que he intentado con 'Calle 54' y con esta película es que la cámara se hermane. Se case con la música. ¿Sabes? Que no sea un mirón. Un voyeur. Que sea algo más. Que te ayude a sentir la música. Que sientas... A José yo le he dicho muchas veces que estaba haciendo un documental de tus manos. Niño Josele añade: "Yo no noté en ningún momento que me estaban filmando. Y había un montón de cámaras, pero no sé dónde estaban. Yo parecía que estaba solo. En ningún momento noté... Bueno, te concentras, estás muy metido en tu música y luego estamos alrededor. Increíble, Fernando".
Trueba considera que el cine musical y el narrativo convencional, son cosas distintas, "pero yo filmo la música como si fuera una historia, como si fuera un guión, y a los músicos como si fueran los actores. Entonces, eso es lo básico, pero son cosas distintas, te enfrentas diferente a cuando estás contando una historia, a unos personajes que has escrito, es distinto. Pero disfruto ambas cosas mucho, ¿sabes? No son una más que otra, ni menos que otra. Son diferentes acercamientos al cine y a la música y a todo".
Sobre sus próximos proyectos, Trueba adelanta: "Sí, ahora mi próxima película que espero rodar en primavera es una comedia de época, que ocurre en los años 60, y que estoy yo muy contento con ello". Le gusta volver a esa época porque es la de su infancia. "Es una época que conozco bien, y donde incluso he usado anécdotas y cosas de mi vida sin que sea una película autobiográfica, ¿no? Pero es una comedia, para que la gente se ría, pero donde he echado mano de algunos recuerdos y de cosas divertidas de aquellos años".
Para terminar, Fernando Trueba explica por qué no hace -como otros realizadores- series para televisión: "Una vez me planteé una, pero a la gente le asustaba porque se veía muy cara. Yo, de todas formas, no soy un persona muy de series, soy más de películas. Me gusta que la historia empiece, llegue y se acabe".

