Por Daniela Creamer
Las tropas del Imperio invaden el Grand Teatro Lumiere de Cannes, y sobre las escalinatas de la alfombra roja desfilan los personajes de la saga más famosa del cine, mientras resuena el inconfundible tema del legendario John Williams. “Solo: A Star Wars Story” ha elegido para su premier mundial el refinadísimo festival francés y ha invadido las pantallas con esta secuela de acción y explosiones como no se había jamás visto en los 71 años del certamen más prestigioso del planeta. Fuera de Competencia, Cannes ha hecho así una gran concesión al cine de Hollywood con cuatro proyecciones y la gala, casi en simultáneo.
Ron Howard (dos premios Oscar por “Una mente maravillosa”) garantiza la calidad de la última costilla de “Star Wars”. Se retrocede en el tiempo para conocer al joven mercenario Han Solo, interpretado por la revelación Alden Ehrenreich, que del personaje hecho histórico por Harrison Ford, mantiene el espíritu despreocupado e irreverente, pero con notables diferencias.
Desde los primeros días del festival podíamos ver un enorme Chewbecca en el cuartel general de Disney, en el exclusivo Hotel Carlton, y encontrarte en el interior del Halcón Milenario, reconstruido en la Croisette. Para la noche del gran estreno, la playa entera del histórico albergo se convirtió en estelar, por los increíbles fuegos artificiales y la megafiesta dedicada al coloso.
El décimo título de la saga creada por George Lucas, segundo spin-off después de “Rogue One”, y en espera del siguiente, dedicado al joven Obi-Wan Kenobi, “Solo: A Star Wars Story” narra el encuentro del out-of-law galáctico con aquel que en la saga se ha convertido en su inseparable compañero, Chewbecca, una amistad que como solemos ver en el cine, nace después de una buena golpiza. El filme nos rebela detalles de un pasado que la audiencia habrá intuido: como el huérfano Han adquiere el apellido Solo, como se vuelve ladrón y, sobre todo, como logra convertirse en el comandante del Halcón Milenario.
Para encarnar al joven Solo se escogió –entre 3.000 actores- al americano, Alden Ehrenreich (descubierto por Francis Ford Coppola en Tetro, y luego participado en filmes de Woody Allen, los hermanos Coen y Warren Beatty). A pesar de que trata de dar lo mejor de sí, no posee el mismo encanto y el carisma de Harrison Ford. Aceptémoslo. Es difícil llenar ese enorme surco. En el reparto vemos a Woody Harrelson, como su mentor, el criminal Tobias Beckett; Emilia Clarke, como Qi'ra, mujer fuerte e independiente que precede a la Princesa Leila en la vida sentimental de Solo. Para asegurar la calidad estilística de la saga, el film se vale de la colaboración de los artistas y técnicos que han visto crecer “Star Wars” en estos 40 años de historia y que continúan a nutrir el imaginario de generaciones de espectadores.
Recordemos que la elaboración de esta entrega se ha visto empañada por polémicas desde su arranque, principalmente con el cambio de dirección, que contaba con Phil Lord y Christopher Miller, despedidos del proyecto a solo tres semanas de acabar la filmación, “por divergencias creativas” (se comenta que ambos dejaban demasiado espacio a la improvisación de los actores, lo que alejaba el resultado del guion original de Lawrence Kasdan y su hijo Jonathan). Como es obvio, Disney prefirió poner su bólido en manos de un piloto seguro. Así, con Ron Howard (gran amigo de Lucas) al mando, los grandes estudios pudieron lograr un resultado eficaz, entretenido, pero nada arriesgado, ni memorable.
Aunque la historia refleja muchísimo el espíritu de los filmes originales, en su combinación de jocosidad y temas profundos, impactantes escenas de acción, ambientadas en un universo épico y fascinante, donde cada vez aparecen nuevos planetas (en esta ocasión, Corellia) y enemigos que vencer, desafortunadamente, solo logró arrancar en la proyección a la prensa tibios aplausos.