naomi donostiaNaomi Watts convirtió anoche el Auditorio Kursaal en el escenario de uno de los momentos más emotivos de la 74ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián al recibir el Premio Donostia, el máximo reconocimiento honorífico del certamen. La actriz y productora británica, criada en Australia, fue homenajeada por una trayectoria que se extiende durante más de tres décadas y que la ha llevado desde el cine independiente hasta grandes producciones internacionales, además de consolidarse como una de las intérpretes más reconocidas de su generación.

La ceremonia, presentada por el actor Jon Plazaola, tuvo como protagonista también a uno de los cineastas fundamentales en la carrera de Watts: David Lynch. Fue el director J.A. Bayona, con quien la actriz trabajó en Lo imposible, quien tuvo a su cargo la entrega del galardón. Antes de ponerlo en sus manos, Bayona recordó su experiencia junto a Watts y aseguró que entregarle el Premio Donostia representaba para él "un sueño hecho realidad". El director destacó especialmente la capacidad de la intérprete para dejarse llevar por las emociones y encontrar momentos de verdad durante el rodaje.

El homenaje adquirió una dimensión especialmente personal cuando Watts decidió dedicar el premio a David Lynch, fallecido en enero de 2025. La relación entre ambos marcó un antes y un después en su carrera: después de años de rechazos profesionales, Lynch le confió el doble papel de Betty Elms y Diane Selwyn en Mulholland Drive (2001), interpretación que la proyectó internacionalmente y se convirtió en una de las actuaciones más recordadas de su filmografía.

"David cambió mi vida", afirmó Watts durante su discurso, al recordar la oportunidad que el cineasta le dio cuando todavía luchaba por encontrar su lugar en la industria. La actriz explicó que Lynch le enseñó a confiar en el instinto, aceptar la incertidumbre y no temer a aquello que resulta extraño o inexplicable. Antes de cerrar ese recuerdo, le dedicó unas palabras cargadas de emoción: "David, te echo de menos".

Watts también aprovechó el escenario del Kursaal para reflexionar sobre el significado de recibir un reconocimiento a una trayectoria cuando, desde su perspectiva, su carrera todavía está lejos de sentirse concluida. "Recibir un premio a toda una trayectoria es algo extraño cuando todavía sientes que estás en medio de ella o incluso que acabas de empezar", señaló.

En su discurso hubo además espacio para hablar del lugar que ocupan actualmente las mujeres de su generación en la industria cinematográfica. La actriz recordó que, cuando comenzó a alcanzar reconocimiento internacional, llegó a escuchar que su carrera terminaría al llegar a los 40 años. Décadas después, su propia trayectoria representa una realidad diferente y Watts subrayó la necesidad de que las mujeres de su edad continúen encontrando personajes y espacios en las pantallas. "Tenemos que vernos reflejadas en las pantallas", sostuvo.

La actriz también dirigió sus palabras hacia quienes forman parte de la creación cinematográfica. Además de mencionar a directores como Michael Haneke, David Cronenberg, Peter Jackson y Alejandro González Iñárritu, agradeció a los equipos que trabajan detrás de cada producción y reivindicó el carácter colectivo de un arte en el que, según explicó, incluso después de una preparación minuciosa siempre puede aparecer algo inesperado.

Precisamente esa relación entre actuación, descubrimiento y transformación terminó convirtiéndose en una de las ideas centrales de su intervención. Watts definió su oficio como una búsqueda permanente a través de otros personajes: "La satisfacción de ser actriz es pasar la vida intentando habitar a otras personas y, en el camino, descubrir más de ti misma".

La actriz llegó al Festival de San Sebastián también para presentar The Housewife (La esposa perfecta), debut en el largometraje del director canadiense Ben Shirinian, película que fue proyectada después de la ceremonia del Premio Donostia. El filme, ambientado en 1964 e inspirado en un caso real, está protagonizado por Watts junto a Tye Sheridan, Luke Evans, Michael Imperioli y Lena Olin.

Con el reconocimiento recibido en el Kursaal, San Sebastián suma a Naomi Watts a la lista de grandes figuras distinguidas con el Premio Donostia. La actriz, que cuenta con dos nominaciones al Óscar —por 21 gramos y Lo imposible—, ha construido una filmografía que incluye títulos como Mulholland Drive, The Ring, King Kong, Eastern Promises, Birdman y Twin Peaks: The Return.

La noche terminó, así, con un homenaje que miró tanto al pasado como al futuro: al legado de los cineastas que ayudaron a construir su carrera, al lugar que las intérpretes de su generación siguen conquistando en la industria y a una actriz que, pese a recibir un premio por toda una trayectoria, dejó claro que todavía conserva la curiosidad por descubrir qué historia vendrá después.

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