les miserablesPor Daniela Creamer.
“Es una adaptación, no un remake”, afirmó Frédéric Cavayé durante la presentación de Los miserables en la 74.ª edición del Festival de San Sebastián. El cineasta francés regresa directamente a la novela de Victor Hugo para recuperar personajes, episodios y matices que, a su juicio, habían quedado fuera de anteriores versiones cinematográficas y televisivas.

La película, presentada en la Sección Oficial y candidata a la Concha de Oro, está protagonizada por Vincent Lindon, Tahar Rahim, Camille Cottin y Benjamin Lavernhe. A lo largo de sus 178 minutos recorre la historia de Jean Valjean, desde su salida de prisión hasta la convulsa París de 1832, marcada por la pobreza, la desigualdad y la insurrección.

Lindon, encargado de interpretar a Valjean, participó en el photocall junto al resto del equipo, aunque finalmente no asistió a la rueda de prensa. Cavayé destacó la profunda “humanidad” que el actor aporta al personaje, una cualidad esencial para encarnar a un hombre que busca reconstruirse después de años de presidio y que encuentra en la compasión una posibilidad de redención.

El director explicó que conocía la historia a través de sus numerosas adaptaciones, pero que no había leído la novela hasta comenzar a preparar el proyecto. Fue entonces cuando descubrió “muchas cosas que no se habían adaptado” y comprendió la magnitud del desafío: “Es una obra tan enorme que se podría hacer una película por personaje”.

Su intención, señaló, era recuperar el espíritu del texto original y acercar el genio de Hugo a las nuevas generaciones. “Cuando Victor Hugo escribió esta novela sabía que estaba haciendo algo universal y atemporal”, afirmó. Su vigencia, añadió, puede resumirse en una frase rotunda: “Las revoluciones se suceden, pero las víctimas son siempre las mismas”.

Uno de los personajes que adquiere mayor profundidad en esta versión es Javert. Tahar Rahim lo definió como “un niño herido y abandonado”, acogido por un sistema que convierte la aplicación de la ley en una obsesión. “Está obsesionado con el orden y con la brutalidad que se deriva de él”, explicó el actor.

Esta perspectiva evita dividir el relato entre héroes y villanos. Para Cavayé, la gran modernidad de la novela reside precisamente en que no es maniquea: “Cada época tiene su población explotada, y esas personas, que a veces se comportan mal, son víctimas”. La miseria no funciona únicamente como telón de fondo, sino como una fuerza que condiciona las decisiones y transforma a los personajes.

Esa complejidad alcanza también a los Thénardier, interpretados por Camille Cottin y Benjamin Lavernhe. Este último los describió como auténticos “depredadores”: personas que conocen los mecanismos de la pobreza porque los han sufrido y que después intentan “tomarse la revancha” aplastando a los demás.

Lavernhe recordó además la atmósfera excepcional que acompañó al rodaje. “En el plató había algo sagrado”, aseguró. El reparto era consciente de la responsabilidad que implicaba enfrentarse a una obra de semejante envergadura y, según el actor, todos trataron de dar “lo máximo” para estar a su altura.

Para Cavayé, el mensaje esencial de Los miserables continúa siendo la fraternidad. El director defendió la necesidad de recuperar la empatía, mirar hacia los demás y abandonar el ensimismamiento: “Lo que dice Victor Hugo sigue estando de actualidad y es que la solución es la fraternidad. Creo que en este momento tenemos que volver a esa ingenuidad”.

El cineasta elogió también la fuerza de Noémie Merlant y reivindicó el carácter coral de la producción. “Para hacer Los miserables hacen falta maestros”, afirmó. “Es una película de actores y actrices”.

Con esta adaptación, Cavayé no pretende competir con las versiones anteriores, sino regresar a Victor Hugo para iluminar la vigencia de una obra que, casi dos siglos después, continúa hablando de injusticia, compasión y esperanza. Mientras persistan la ignorancia y la miseria, sostiene el director, la historia de Jean Valjean seguirá interpelando al presente.

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