naomi watts rueda prensaPor Daniela Creamer.
Naomi Watts ha protagonizado hoy una de las ruedas de prensa más emotivas de la 74.ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. La actriz y productora británico-australiana recibirá el Premio Donostia, el máximo galardón honorífico del certamen, como reconocimiento a más de tres décadas de una carrera marcada por el talento, la versatilidad y una admirable capacidad para asumir riesgos.

Serena, cercana y visiblemente agradecida, Watts ha recordado el largo camino recorrido antes de encontrar su lugar en la industria. “Es increíble recibir este honor en este momento de mi vida, tras haber trabajado duro en las últimas cuatro décadas”, afirmó. Su consagración internacional llegó con Mulholland Drive, la obra maestra de David Lynch que transformó su trayectoria y reveló a una intérprete capaz de asumir personajes de enorme complejidad.

“Hay gente que se pasa su vida buscando su gran papel y yo lo hice con esa película”, recordó sobre Mulholland Drive. Sobre Lynch, añadió: “Está en mi corazón para siempre”.

Aquel trabajo dio paso a una filmografía desarrollada junto a autores de estilos muy distintos. Alejandro González Iñárritu, Peter Jackson, David Cronenberg, Michael Haneke, Clint Eastwood y Juan Antonio Bayona figuran entre los directores que han contado con ella a lo largo de su trayectoria.

Sus interpretaciones en 21 gramos y Lo imposible le valieron sendas candidaturas al Óscar. En San Sebastián, Watts también ha abordado uno de los grandes problemas de la industria: la reducción de oportunidades para las actrices a medida que cumplen años. “Antes todo acababa en los 40 y ahora estoy en mis cincuenta y muchos”, señaló, al recordar que cuando comenzó en Hollywood le dijeron que se “pusiera las pilas” porque su carrera terminaría a esa edad. A su juicio, el panorama empieza a avanzar y las mujeres mayores de cincuenta comienzan a ocupar relatos con más matices, identidad propia y distancia respecto a los moldes tradicionales.

La artista participa activamente en esa evolución no solo delante de la cámara, sino también mediante su faceta como productora y su compromiso con la salud de las mujeres. Para Watts, ampliar la variedad de experiencias femeninas representadas en la pantalla constituye una manera de impulsar un cambio que durante demasiado tiempo parecía improbable. “Las mujeres han fortalecido su presencia en muchas categorías, sus historias deben verse reflejadas, esa narrativa tiene que cambiar y me gusta ser parte de ese cambio”, afirmó.

La intérprete ha expresado, además, su inquietud ante la expansión de la intolerancia y los discursos de odio. “El odio está creciendo y lo que ocurre en el mundo asusta”, manifestó. Frente a esa realidad, ha defendido la capacidad del cine para aproximarse a las contradicciones del ser humano, plantear interrogantes y favorecer conversaciones necesarias. “El cine es, ahora más que nunca, un medio muy potente para contar historias”, sostuvo.

Watts acude también al festival para presentar The Housewife, primera película dirigida por Ben Shirinian. La acción se sitúa en 1964 y gira alrededor de un periodista que investiga si una antigua criminal nazi vive oculta en Nueva York. El proyecto brinda a la actriz otra oportunidad de enfrentarse a un papel perturbador, lleno de conflictos éticos y alejado de cualquier lectura complaciente.

Sobre su personaje, Hermine Braunsteiner Ryan, Watts explicó que “fue duro meterme en esa mentalidad a diario”. También describió la dificultad de interpretar a una mujer responsable de crímenes horribles que, al mismo tiempo, podía integrarse en la sociedad bajo la apariencia de una buena esposa y vecina.

Con la concesión del Premio Donostia, San Sebastián no distingue solamente una extensa relación de películas. También reconoce la resistencia de una actriz que supo convertir las negativas de sus comienzos en una razón para continuar y que ha mantenido intacta su curiosidad artística. El homenaje celebra a una intérprete audaz y sensible cuya carrera confirma que perdurar no basta: lo verdaderamente excepcional es conservar la capacidad de cambiar.

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