Por Daniela Creamer.
El director confiesa que no había preparado ninguna respuesta para el discurso de Orlando Bloom, quien le entregó el galardón. "Quería escuchar lo que iba a decir y luego responder", explica. Fue al hilo de una pregunta sobre "Aguirre, la cólera de Dios" cuando decidió mencionar la cultura vasca. "Pensé: Lope de Aguirre era vasco y además era el rebelde contra la corona. Y como además he cruzado el País Vasco andando, voy a mencionar algo de la cultura vasca". Eso sí, tiene una reivindicación lingüística: "Me gustaría que se nombrase el título no como "Aguirre, la cólera de Dios", sino como "La ira de Dios", porque es más bíblico".
Uno de los momentos más emotivos de la conversación llega al hablar de David Lynch, cuyo nombre aparece en la dedicatoria de "Bucking Fastard", la cinta que Herzog trajo a San Sebastián. Herzog recordó dos momentos clave. El primero, el día que lo conoció. "Era amigo de Mel Brooks y le dije que había visto una película increíble, "Eraserhead". Mel me dijo: '¿Quieres conocer al cineasta?'. Me llevó tres puertas más abajo de su oficina, abrió la puerta y ahí estaba David Lynch preparando "El hombre elefante". Nos miramos y nos dimos un abrazo enorme. Fue muy emocionante".
El segundo recuerdo le llevó años después, cuando Lynch le invitó a ver "Twin Peaks" en su sala de proyección privada. "Fue en celuloide, no fue la serie. Resultó muy emocionante". Herzog reveló que, al terminar de editar "Bucking Fastard", lo primero que le dijo a su productor fue: "El primero que tiene que ver esta película es David Lynch". Y entonces cayó en la cuenta: "Pero si se murió hace un año". Se le había olvidado. "No le deis más vueltas, no tiene tanta profundidad la cosa", zanja con una sonrisa.
Preguntado por si en estos tiempos obsesionarse con el amor es una forma de rebeldía, Herzog es tajante: "Si miramos a la inteligencia artificial, es una forma de rebelión, porque es tan humana. ¿Cuánto de nuestro pensamiento, cuánto de nuestros sueños, cuánto de nuestro amor queremos dedicar a Internet? Lo que estamos volcando en esta inteligencia artificial tiene mucho de humano".
Sobre su nueva película, protagonizada por dos hermanas obsesionadas por el amor, Herzog quiere matizar: "Me gustaría ir con cuidado con la palabra obsesivo, porque luego la gente piensa que el obsesivo soy yo". Y añade: "No he conocido a estas hermanas, pero mi sensación fue: ¿es real o están pretendiendo? Estoy interesado en el espacio entre la realidad y la ficción. ¿Qué es interesante en ese espacio?".
El cineasta explica que, aunque la película está basada en una experiencia propia, la historia es inventada. "Hace muchos años conocí a estas hermanas y siempre les decía a todos, al equipo y a los actores: no miréis el documental que existe. Porque no hacemos su historia. Inventamos una historia que es completamente diferente de las vidas de estas dos hermanas. Tenemos que inventar a las hermanas".
Sobre la inteligencia artificial en el cine, Herzog es claro: "La inteligencia artificial no reemplazará a los seres humanos en el cine. Todo está muerto en la llegada". Y sobre la relación de las hermanas protagonistas, que hablan al unísono, reflexiona: "No es resistencia contra el mundo. Es su identidad. Una identidad inusual. Una forma inusual de dos cuerpos, pero una alma. ¿Dónde podemos encontrar amor? ¿Cuál es nuestra identidad? ¿Dónde está este país de la imaginación donde el amor es posible? Probablemente también hay dependencia, porque todos son héroes. No importa lo que diga un juzgado, no importa lo que digan las policías. Nadie necesita pedir permiso. Creo que autonomía es una mejor palabra. Independencia, sí".
En la despedida, el cineasta alemán de internacional trayectoria habla del futuro: "Mi próximo film está casi terminado. En tres meses podrás verlo". También tiene terminado su próximo libro y quiere seguir creando.

