Werner Herzog ssiff74Por Daniela Creamer.

Werner Herzog no llegó al Festival de San Sebastián para despedirse. A sus 84 años y con más de seis décadas de carrera, el cineasta alemán recibió el Premio Donostia durante la jornada inaugural de la 74 edición del certamen, pero evitó cualquier balance nostálgico. Prefirió hablar de lo que todavía le queda por hacer.

"Mi siguiente película está casi lista y estoy trabajando en dos libros", aseguró ante la prensa. Una respuesta muy propia de un director que nunca ha entendido el cine como un lugar para instalarse, sino como un territorio que todavía merece ser explorado.

Herzog llegó además con "Bucking Fastard", su nueva película, protagonizada por las hermanas Rooney y Kate Mara, junto a Orlando Bloom y Domhnall Gleeson. El film, rodado entre Estados Unidos e Irlanda y presentado previamente en Venecia, nació de una idea que le acompañaba desde hacía décadas.

El director recordó que conoció a dos hermanas capaces de hablar al mismo tiempo, en perfecto unísono. Durante años creyó que sería imposible trasladar aquella particularidad a la pantalla, hasta que encontró en las hermanas Mara a las intérpretes dispuestas a asumir el desafío.

En la película encarnan a Jean y Joan Holbrooke, dos mujeres unidas por una conexión extraordinaria: hablan al unísono, aman al mismo hombre y comparten los mismos sueños. A su alrededor aparecen tribunales, periodistas y personas que intentan comprenderlas, ayudarlas o aprovecharse de ellas.

Herzog aclaró, sin embargo, que no se trata de una reconstrucción de aquella historia real. "La historia que ves es completamente diferente, inventada; también tiene elementos de un poema. No posee la estructura narrativa que normalmente verías en las películas de Hollywood. Es un film único y estoy orgulloso de él", explicó.

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Orlando Bloom interpreta a Gareth Mulroney, el hombre que provoca algunos de los conflictos entre las hermanas. El actor describió a su personaje desde la ingenuidad antes que desde la maldad. Herzog, por su parte, contó que ambos apenas tuvieron tiempo para conocerse: "Orlando Bloom llegó, dijo que sí y nos conocimos básicamente frente a mi cámara".

El director afirmó que rodó la película en apenas cinco días, siguiendo un método de trabajo tan veloz como intuitivo. Esa libertad se percibe en una obra que transita entre lo absurdo, lo extraño y lo poético, sin preocuparse por encajar en las formas tradicionales del relato cinematográfico.

Tampoco acepta con facilidad la frontera entre ficción y documental. "Mis documentales no son documentales reales, son documentales disfrazados", señaló. Para Herzog, incluso la no ficción implica una construcción, una puesta en escena y una mirada capaz de ir más allá del simple registro de los hechos.

Autor de películas esenciales como "Aguirre, la cólera de Dios", "Fitzcarraldo" y "Nosferatu, vampiro de la noche", además de documentales como "Grizzly Man" y "La cueva de los sueños olvidados", Herzog ha construido una filmografía habitada por personajes obsesivos, paisajes extremos y deseos que desafían toda lógica.

Pero el momento más contundente de su encuentro con la prensa llegó cuando dejó el cine a un lado para hablar del mundo actual. El realizador dirigió una advertencia, especialmente a los jóvenes, sobre el espacio que la tecnología y los algoritmos ocupan en la vida cotidiana.

"Tenemos que defender nuestras almas contra algo exterior que intenta ocuparlas", afirmó. Y añadió: "No vivan una vida dictada por algoritmos diseñados para mantener su atención. Tienen que estar muy vigilantes".

De este modo, Herzog continúa mirando hacia adelante. Y quizá por eso sus palabras resultan tan poderosas: vienen de un cineasta que ha pasado la vida persiguiendo imágenes imposibles y que ahora nos recuerda que la aventura más urgente consiste en conservar algo profundamente nuestro.

 

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