Tras consagrarse con el Oscar a Mejor Actor en el 2023 por La ballena, Brendan Fraser sorprendió al público con una decisión poco convencional: protagonizar Familia en renta, una película filmada íntegramente en Japón que lo obligó a salir, una vez más, de su zona de confort. Para este papel, el actor no solo tuvo que aprender japonés, sino también trasladarse a Tokio y sumergirse de lleno en la cultura local.
La cinta, que se estrenó a nivel internacional en septiembre pasado y que recién llega a la cartelera nacional, se inspira en una práctica real muy extendida en Japón desde los años 80: empresas que ofrecen “familiares o vínculos sociales de alquiler”. Actores profesionales son contratados para asistir a bodas, funerales o reuniones familiares, interpretando roles que, por diversas razones, están ausentes en la vida de sus clientes.
La historia sigue a Phillip Vandarploeug, un actor estadounidense en crisis que vive en Tokio y comienza a trabajar para una agencia dedicada a este peculiar negocio. Brendan Fraser encabeza el elenco en lo que se convierte en su primer rol protagónico tras ganar el premio de la Academia, bajo la dirección de la cineasta HIKARI.
Sobre su decisión de aceptar el proyecto, Fraser reflexiona acerca del escenario posterior a los Oscar. Explica que, aunque desde fuera pueda parecer que todo se vuelve sencillo tras recibir el mayor reconocimiento de la industria, la realidad es distinta. “Después de un momento así, hay muchas expectativas y miradas encima. Se asume que puedes hacer cualquier cosa, pero en verdad hay que elegir con mucho cuidado”, comenta el actor. Fiel a su estilo, Fraser buscaba un desafío distinto a lo que ya había hecho, y Familia en renta encajaba perfectamente en esa búsqueda. Para él, se trataba de uno de esos proyectos singulares que podrían pasar desapercibidos, pero que esconden una propuesta profundamente valiosa si se les da una oportunidad.
El reto no era menor. Además de interpretar a un personaje emocionalmente complejo, Fraser debía adaptarse a un entorno cultural completamente distinto y comunicarse en un idioma que no dominaba. Para lograrlo, comenzó clases intensivas con un tutor y traductor, y decidió establecerse en Tokio durante la preparación y el rodaje. Caminar la ciudad, observar la vida cotidiana y convivir con sus colegas japoneses fueron claves para construir su personaje y para generar una conexión auténtica con el equipo.
Uno de esos vínculos fue con Akira Emoto, destacado actor japonés y miembro del elenco, a quien Fraser admira profundamente. Para él, Emoto representa valores esenciales de la cultura japonesa, como el respeto, la humildad y el compromiso con el arte. El actor estadounidense relata con fascinación una visita al teatro que Emoto dirige en Tokio, donde presenció una lectura dramática de un texto del siglo XV —una simple revisión de gastos de un shogun— que logró hacer reír a carcajadas al público. Esa experiencia, asegura, refleja el espíritu del teatro japonés y la pasión genuina de quienes lo practican.
Para Fraser, compartir pantalla con Emoto y formar parte de este proyecto fue tan enriquecedor como desafiante. Familia en renta no solo marca un nuevo capítulo en su carrera tras el Oscar, sino que también reafirma su interés por historias poco convencionales, humanas y culturalmente profundas.

