peter jacksonEn diciembre del 2001 la Tierra Media comenzó a apoderarse de las salas de cine. Era vísperas de navidad cuando millones de espectadores aguardaban otro milagro: ver por fin la esperada película de El Señor de los Anillos

Habían pasado décadas de intentos fallidos, de sueños rotos y de versiones incompletas. Tolkien parecía condenado a habitar solo las páginas y la imaginación. Hasta que Peter Jackson —un director neozelandés conocido más por su irreverencia sangrienta que por la épica solemne— decidió hacer lo impensable: filmar la obra total, de una sola vez, como quien se juega la vida..y lo logró.

La Comunidad del Anillo irrumpió como un rayo. Convenció a los fieles y sedujo a los profanos. A quienes sabían pronunciar Lothlórien y a quienes jamás habían oído hablar de hobbits. Lo que siguió fue una conquista imparable: Las dos torres y El retorno del rey consolidaron una trilogía filmada como un solo acto de fe cinematográfica. Once premios Oscar coronaron el final, incluyendo los mayores honores. La fantasía, por primera vez, fue aceptada en el Olimpo.

Jackson trató la historia como si fuera una superproducción clásica: con la solemnidad de David Lean, la ambición de un Kubrick, el aliento de las grandes epopeyas del siglo XX. Efectos revolucionarios, actores de carácter, respeto casi religioso por el texto original —aunque no sin sacrificios, como la dolorosa ausencia de Tom Bombadil— y una duración que no pedía permiso. La fantasía dejó de ser un género menor. Hollywood aprendió la lección. Sin Tolkien, no habría un después.

El Jackson amante del exceso, del humor grotesco y la sangre exagerada. El de Braindead y Feebles, donde el mal gusto era una forma de libertad. Y también el Jackson autor, sensible y perturbador, capaz de convertir un crimen real en una obra delicada y oscura como Criaturas celestiales. Incluso hubo un Jackson intermedio, juguetón pero domesticado, asomándose a Hollywood sin perder del todo su acento salvaje.

Tras la gloria llegó el peso. King Kong intentó repetir la hazaña, pero el asombro ya no era el mismo. Desde mi cielo mostró un deseo de intimidad que pasó casi inadvertido. La respuesta fue volver atrás, regresar a la Tierra Media como quien regresa a un lugar seguro. Pero esta vez algo se rompió: convertir El Hobbit, un cuento breve y ligero, en una trilogía inflada terminó agotando incluso a los más devotos.

El Anillo ya no brillaba: pesaba y desde entonces, Jackson ha mirado más al pasado que al futuro. Documentales extraordinarios, sí —la Primera Guerra Mundial, The Beatles—, o la ficción en otro extremo como en 'District 9' que a pesar de una esperada secuela, nunca continuó. Pero La tierra Media, en cambio, sigue generando frutos, ahora como franquicia, mientras su creador observa desde el rol de productor. Proyectos como 'The power of the ring' o 'El Señor de los Anillos: La guerra de los Rohirrim'

Los personajes de El Señor de los Anillos cobraron vida gracias a Elijah Wood como Frodo Bolsón, Sean Astin como el inolvidable Sam, Ian McKellen en el papel de Gandalf, Viggo Mortensen como Aragorn, Orlando Bloom como Legolas, John Rhys-Davies dando voz y cuerpo a Gimli, Sean Bean como Boromir, Dominic Monaghan y Billy Boyd como Merry y Pippin; junto a ellos brillaron Liv Tyler como Arwen, Cate Blanchett como la etérea Galadriel, Hugo Weaving como Elrond, Miranda Otto como Éowyn, Bernard Hill como el rey Théoden, David Wenham como Faramir y Andy Serkis, inolvidable y desgarrador, como Gollum, alma partida de la Tierra Media.


Una historia que narra como un inocente y valiente hobbit llamado Frodo camina con el peso del mundo en el pecho transportando el anillo único de Sauron hacia el corazón de Mordor, el único lugar donde había sido forjado y el único donde podía ser destruido. Mientras su amigo Sam, fiel como la tierra bajo los pies, no lo abandona jamás; Gandalf arde como fuego antiguo y guía con palabras que saben a profecía; Aragorn avanza desde la sombra hacia la corona que lo espera; Legolas oye cantar a los bosques y dispara con la gracia de los siglos; Gimli honra la piedra y la lealtad con risa y hacha; Boromir cae luchando contra el deseo y se redime en su último aliento; Merry y Pippin, pequeños y valientes, crecen entre batallas y destinos impensados; Arwen ama más allá del tiempo y renuncia a la eternidad; Galadriel resplandece como luz que tienta y perdona; Elrond custodia la memoria del mundo; Éowyn rompe el silencio impuesto y derrota al terror; Théoden despierta del hechizo y cabalga hacia la muerte con honor; Faramir elige la virtud sobre el poder; y Gollum, dividido y trágico, recuerda que incluso la oscuridad fue una vez inocente.


Tolkien lo advirtió: nada es malvado en su origen. Pero el poder transforma, seduce, encierra. Peter Jackson conquistó la fantasía moderna, pero en el camino quedó atado a ella. Como Frodo, cumplió su misión… pero ya no pudo volver del todo a casa.

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