El viernes en Guayafest – edición México – nos recibió como un viaje entre territorios creativos. El festival cambió de escenario para su última jornada de conversatorios, guiándonos por un pequeño mapa de arte, cine y relatos que buscaban quedarse en la memoria. Entre pinceles, pantallas y voces poderosas, la ciudad se convirtió en un hilo conductor donde cada sala abría una historia distinta.
El arte que revela una vida
La mañana empezó en la Universidad de las Artes, donde el maestro ecuatoriano Cristóbal González Guzmán, creador de la imagen de Guayafest 2025 y dueño de una trayectoria de más de cuarenta años, se convirtió en el centro de todas las miradas. Estudiantes y visitantes escucharon atentos cómo el pintor relataba los momentos que moldearon su carrera y cómo el arte transformó su vida para siempre.
Se proyectó el documental “El Niño Artista”, dirigido por Nicolás Cornejo, una mirada íntima a episodios de la infancia de González Guzmán. El conversatorio, moderado por Jorge Flores y Rafael Plaza, profundizó en sus procesos, su visión figurativa y ese uso audaz del color que lo ha convertido en uno de los coloristas más influyentes del país. Su obra, centrada en la figura femenina y escenarios teatrales cargados de gesto y dramatismo, refleja sensibilidad, crítica social y una estética inmediatamente reconocible.
La imagen como relato
Al otro lado de Guayaquil, las salas de Supercines Ceibos fueron el punto de encuentro para una charla magistral: “La imagen como relato: Fotografía cinematográfica y producción inteligente”, con la participación del cineasta ecuatoriano Enrique Chediak y Daniela Creamer, directora del festival.
Chediak compartió una visión profunda: la imagen no acompaña al cine, lo define. Cada decisión técnica y creativa construye un significado invisible pero esencial. Habló del rol del director de fotografía como traductor de emociones, de cómo la luz, el encuadre y el movimiento se convierten en lenguaje. Reflexionó también sobre la importancia de una producción eficiente, donde la técnica, la intuición y la planificación trabajan juntas para contar historias más humanas y auténticas.
Fue una charla que dejó a todos con una renovada admiración por la luz y el relato visual.
Cine, TV y oficio
Minutos después inició el esperado segundo bloque: “Cine, TV y Oficio”, protagonizado por el multifacético actor, director y productor colombiano Lucho Velasco, acompañado por la comunicadora y distinguida dama Gloria Gallardo.
Velasco habló con honestidad de su carrera, de sus inicios y de ese sueño que empezó hace más de treinta años y que aún lo impulsa.
"Me fascina hacer todo actuar y dirigir es un orgullo permanente, la cabeza vuela, es un gran ejercicio de control', dijo Velasco.
Aconsejó no caer en la pretensión porque todo arte es subjetivo: "Hoy estamos arriba, pero mañana no sabemos. Dependemos de como nos ve y acepta el público en cada papel y cosa que hagamos", expresó
Habló del poder energético de los roles, de por qué los personajes antagónicos suelen sentarle bien y de su satisfacción con su reciente proyecto Diablo.
"Creo que ningún actor puede encarnar un personaje sin conocerlo, sin prepararse y sin que se vea afectado por ello, porque si afecta la personalidad, la cabeza. Creo mucho en el poder de la palabra y energéticamente te afecta. Y aunque te influya en el estado emocional, es maravilloso hacerlo, dijo". "Para poder comunicar a través de los personajes, hay que prepararse. Pienso mucho en lo que voy a hacer, porque energéticamente es muy poderoso y creo que por mi físico por mi voz, los personajes antagónicos me sientan muy bien. He hecho de esposo, narco, también de homosexual, aunque este último no me sienta muy bien -dijo entre risa- Poder trascender en la carrera es fantástico con otros personajes con otra escencia, la forma de dirigir, me siento afortunado', dijo -refiriéndose además a su última producción llamada Diablo, en la cual se atrevió a hacer lo que no había hecho antes. Comentó también su admiración por tom cruise y como se el se atreve a todo.
Velasco compartió también su amor absoluto por su oficio: “No podría hacer otra cosa en mi vida. Actuar, dirigir, producir… es mi pasión”.
En un momento clave, reflexionó sobre cómo las leyes de cine fortalecen identidades nacionales y citó el caso de Colombia:
“Las producciones cambiaron la mirada del mundo sobre nosotros. Ya no nos veían solo desde la violencia, sino desde nuestras historias”.
Sobre los creadores de contenido digital fue directo: “Ha llegado el momento de responsabilizarse del contenido que se genera”.
Fue una charla cercana, motivadora, y profundamente humana.

Nuevos talentos
Para cerrar el ciclo de conversatorios, un panel lleno de fuerza femenina tomó el escenario: la actriz y productora radicada en Nueva York Sharon López, la directora ecuatoriana Valentina Eguiguren, y la actriz y productora Denia Agalianou, de raíces griegas y alma mexicana. La conversación fue moderada por Santiago Chiriboga.
Las tres compartieron relatos de perseverancia, crecimiento y lucha. Historias donde un “no” nunca significó final, sino un desvío que llevaba a un destino más alto.
Denia recordó su llegada a México en 2013: “Aprendí español viendo Marimar. Luego, a través de contactos y sientiéndome más prerada fui a Televisa a audicionar. Estaba apasionada, hacía de todo… y así se abreiron las puertas correctas”.
Sharon inspiró desde su disciplina y tenacidad: “Para mí fueron 1.300 correos en tres años. No tomarse los ‘no’ de manera personal es vital. Hay que tener amor propio para que nadie te diga qué puedes o no puedes hacer”.

Valentina Eguiguren, quien llegó al festival con su cortometraje Beatriz, contó que su historia nació de una conversación con su abuela, aunque no es sobre ella.
El filme explora la adaptación a nuevos espacios y los cambios personales que ella misma vivió en su infancia y adolescencia. Entre risas, compartió anécdotas sobre la importancia de comprender las costumbres locales al vivir en el extranjero:
“Donde fueres, haz lo que vieres”, dijo entre risas, dejando una reflexión sencilla pero poderosa.
Su mensaje final fue claro: los “no” son parte del camino, y cada uno puede convertirse en un impulso hacia adelante.

Así cerraron los conversatorios de Guayafest, que desde el 26 de noviembre ofrecieron días intensos, generosos en conocimiento, inspiración y verdad. Fueron jornadas donde artistas consolidados y talentos emergentes compartieron no solo técnicas o experiencias, sino también vulnerabilidad, esfuerzo y la certeza de que cada historia —pintada, filmada o interpretada— tiene un origen humilde antes de llegar a la cima.
Guayafest no solo mostró cine; mostró humanidad. Quienes estuvimos allí, aunque sea siguiendo cada jornada desde distintos rincones, terminamos llevando un pedacito de esa luz que deja el arte cuando se convierte en relato.

