Monster Ed GeinLlega el fin de semana y es momento de maratonear. Con Halloween cerca, Netflix y otras plataformas nos invitan a ponernos cómodos en casa para llevarnos al borde de un precipicio psicológico al encontrarnos con las puertas abiertas a historias que nos encogen el pecho y hacen que nos preguntemos: ¿Cómo es un verdadero monstruo?

Así encontramos 'Monster: La historia de Ed Gein', la tercera temporada de la serie antológica estadounidense de drama policial biográfico, creada por Ian Brennan para Netflix. Luego de entregarnos con éxito a Jeffrey Dahmer en el 2022 y a Lyle y Erik Menéndez en el 2024.

La historia de Gein está compuesta por antes que los grandes asesinos pop-mediáticos, antes que las estadísticas de terror, ahí hubo un hombre que profanó tumbas, que convirtió cuerpos en muebles, que hizo de la muerte su taller personal. Ed Gein habitó la granja oscura de Plainfield, Wisconsin, y dejó un legado que el cine no tardó en vampirizar: la lámpara hecha con piel, la máscara humana, el vestido de cadáveres.

La serie de 8 capítulos muestra este arranque del mal, esa chispa que en la soledad, el miedo y la locura germina.

Pensar en Gein no es sólo pensar en episodios de horror: es entender que, en algún rincón del mundo, la línea entre la cordura y la locura se volvió difusa. Y esa línea rota nos invita a observar asimismo la nuestra.

Ed Gein no mató tanto como otros asesinos seriales —solo se le confirmaron dos víctimas—, pero su mente enferma fue más prolífica que su crimen. De su casa llena de macabros "tesoros" nació una mitología moderna, que inspiró a otros como Ted Bundy, Jeffrey Dahmer, Gary Heidnik, Ed Kemper, Dennis Nilsen, Robert Pickton y muchos más que encontraron en su historia un espejo retorcido de sus propias fantasías, que inspiraron admás personajes ficticios como Norman Bates, de Phyco, Leatherface de la Masacre de Texas o Buffalo Bill del Silencio de los Inocentes

En su perversión se incubó el concepto del monstruo doméstico: el vecino solitario que oculta el infierno detrás de una puerta de madera.

Para conocerlo a él y sus imitadores, basta con ponernos frente a la pantalla del tv, ambientarnos en estas fechas de sustos para saltar, gritar, cerrar los ojos. Tratando de comprender por qué alguien entra en el sótano, por qué camina solo por la carretera oscura o le acepta una bebida a un extraño.

¿Qué en nosotros despierta ese morbo? Halloween no es solo disfraces y calabazas; es darse permiso para mirar la oscuridad en libertad y saber que podemos volver a la luz.

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